ADVERTENCIA: Este post puede alterar su percepción de la cordura, aléjese si desea ser normal. Caso contrario reproduzca la canción presentada a continuación mientras lee. Gracias
Hoy, Domingo 13 de Mayo, me tomo libertades. Libertades que asumo constantemente, pero que los tibios islotes de luz que el sol dibuja al transitar a través de las hojas tiñen de una extrañísima ternura. No, no me piensen esperanzado, es sólo que los ocasos fríos y soleados siempre fueron mi debilidad.
Hoy me permito sufrir. Muchos son los suspiros que inspiran mi tristeza, a la que ya me habitué antaño, pero que siempre encuentra nuevas formas de socavar una sonrisa. Pero éste es un sufrimiento diferente, de aquel que engendra una dicotomía al embestir con el refulgente brillo de las hojas, iluminadas a contraluz por el sol. Una melancolía somera, vacía, muy particular; hermosa incluso.
Miro caras que sé que voy a olvidar para siempre, me sonríen, sonrío, inocente. El mundo me envuelve abrumador. Te pienso, te pienso incansable; erosiono tu recuerdo con mi silencio, masoquista y taciturno. Me invaden las promesas que te hice (sí, aquellas que ambos, cómplices, sabíamos que nunca voy a cumplir), tus lágrimas en mi rostro, tu voz quebradiza suplicando que me quede; y cuanta cosa abominable que alimenta mi tormento.
Hace frío ya, y las escasas nubes que sobrevuelan fortuitamente el cielo se tiñeron de un rosa perfumado con el éxtasis de la puesta del sol
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